29 de abril de 2026
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La ciudad sostenible es posible en Venezuela

El libro Vida, Ambiente y Desarrollo Sostenible, de la Cátedra Libre Andrés Bello de la UCAB, tuvo su tercera y última presentación en la escuela municipal Juan de Dios Guanche, en Chacao, donde los especialistas plantearon cómo es posible lograr ciudades “bien pensadas”

Venezuela ha tenido en el transcurso del tiempo 131 planes de desarrollo humano local, pero en desde 2020 solamente 8.26% de las ciudades cuentan con ellos, razón por la cual se requiere una reconstrucción sostenible que cuente con el apoyo del Estado para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y lograr el bienestar de la población. 

Este fue el planteamiento central durante la tercera y última presentación del libro Vida, Ambiente, Desarrollo Obtenible, una visión integral desde Venezuela, en espacios del municipio Chacao, en el que se enfatizó en la  importancia del desarrollo sostenible ante una nutrida asistencia de dirigentes y vecinos comprometidos con el ambiente.

En esta ocasión participaron como expositores los coautores de la obra Gustavo Izaguirre, exdecano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV;  y el investigador del área ambiental, Antonio de Lisio, con la moderación de Raúl Pulido, del Instituto de Ambiente de Chacao que fue anfitrión del evento.

El libro, editado por la Cátedra Libre Andrés Bello de Ética Cívica en la Legislación y la Administración Local, adscrita a la UCAB, con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer, compila 11 trabajos de 13 especialistas en el tema, con prólogo del cardenal Baltazar Porras, bajo la coordinación cuidadosa de la investigadora  y diputada (2016) María Gabriela Hernández.

En su presentación, el jefe de la Cátedra Libre Andrés Bello, Ramón Guillermo Aveledo, insistió en considerar el medio ambiente como un compromiso y legado para las próximas generaciones al destacar el contenido del libro y el aporte relevante de los coautores, luego de agradecer el apoyo del Instituto de Ambiente de Chacao para el evento. 

“El desarrollo para nosotros no es crecimiento, es el paso de un nivel menos humano a uno más humano de vida”, dijo al aludir las palabras del francés Louis-Joseph Lebret (1897-1966) fundador de la corriente Economía y Humanismo. “Y esa idea de desarrollo es la que nos anima y es la que nos permite además  comprender la relación de nosotros, los seres humanos, con la naturaleza a la cual pertenecemos y en la cual incidimos”, añadió. 

Hernández, quien armonizó el contenido del libro como presidenta de la Comisión de Ambiente de la Asamblea Nacional (2016), hizo un recuento de las valiosas contribuciones de los especialistas y resaltó el apoyo que ofrece a las alcaldías y los estados.

“Defender la casa común desde la política, utilizando el poder para las mejores decisiones colectivas, amerita concienciar la íntima relación y dependencia de la vida humana con la naturaleza.  Está la humanidad y estamos los venezolanos cerca de esa concienciación”, señaló.

Ordenación territorial, modelo de desarrollo

El arquitecto Izaguirre expuso el tema de las ciudades sustentables y la realidad urbana nacional, según la cual más del 50% de la superficie está ocupada por viviendas. El tema parte de un estudio que coordinó  para el Plan País con más de 25 expertos de universidades nacionales y del exterior, y que es parte esencial del libro.

Según datos del estudio, Venezuela ha tenido en el transcurso del tiempo,  hasta el año 2020  fecha de edición del libro, 131 planes de desarrollo humano local, lo que indica que todas las ciudades mayores de 15.000 habitantes tenían por lo menos un esquema preliminar de desarrollo urbano.

“En la actualidad, de los 181 centros poblados mayores  de 20.000 habitantes, solamente 8.26% tiene planes de desarrollo humano local aprobados por el ministerio correspondiente y la alcaldía correspondiente”, señaló al destacar los cambios experimentados en el tiempo desde el “esfuerzo de los años 70”.

Luego de señalar a la población como elemento clave para diseñar políticas urbanas coherentes y de citar momentos claves desde 1997, se refirió al alto porcentaje de pobreza multidimensional “con los peores índices” y de la desigualdad territorial, la mayor en América Latina, “una realidad hay que revertir para repensar la ciudad”.

 “Para atender el alarmante 65% de la pobreza multidimensional necesitamos resolver la desigualdad territorial que afecta a 400.000 hogares en la Gran Caracas, a casi 700.000 hogares en las grandes ciudades del país, a 750.000 hogares en las ciudades medianas y a 1.088.000 familias en los centros poblados pequeños del país”, dijo.

En ese contexto, se refirió a las fallas del suministro de agua potable como problema para un modelo de desarrollo urbano. Según dijo,  90% de los venezolanos carecía del servicio durante la crisis humanitaria compleja (2017-2018) y aun hoy esa realidad existe en isla de Margarita y en Turimiquire (estado Sucre). Y la contrastó con la de Aruba.

“En Aruba sí hay agua y no llega de tierra firme, porque Falcón, acuérdense, no tiene agua y la que existe está contaminada o es insalubre”, afirmó.  “Es cuestión de organizarnos otra vez para que las cosas funcionen, para eso necesitamos democracia”, reflexionó.

Izaguirre hizo énfasis en la planificación del territorio difuso en Venezuela. “No se puede pensar en la ciudad sin pensar en la planificación territorial”, dijo y enfatizó la importancia de enlazar está a la planificación urbana.

“Si no hay un ordenamiento territorial adecuado no va a haber un desarrollo armónico de un país”, puntualizó  e informó que “hay 111 centros poblados que tenemos que atender urgentemente”.  

 Planteó un  modelo de gobernanza y desarrollo urbano sobre la base de la descentralización de competencias con el apoyo del poder central para la correcta ordenación del territorio, con premisas bien diseñadas para las ciudades.

 “Necesitamos rediseñar un sistema, pero tenemos que apoyarnos en las asociaciones públicas y privadas y el sistema financiero, y tenemos que hacerlo con todas las leyes. Y con participación ciudadana”, dijo tras puntualizar que los ODS siguen siendo un debate abierto en Venezuela.

Ambiente para la reconstrucción sustentable

De Lisio, por su parte, expuso un resumen del Plan País Ambiente, la Oportunidad para la reconstrucción sustentable venezolana contenido el libro y que fue un proyecto, fruto del esfuerzo junto con un grupo de especialistas y organizaciones, solicitado por la Asamblea Nacional de 2015.

Se refirió a la necesidad del plan frente a la crisis ambiental que atraviesa el país ante la indiferencia del Estado venezolano y la inobservancia de la norma constitucional sobre el ordenamiento territorial sostenible

“Pareciera que tampoco está muy clara la situación con las nuevas leyes de petróleo y de minería que se promulgaron y que habría que revisar más a fondo desde el punto de vista ambiental que es prioritario”, dijo sin desestimar “elementos importantes” en esas legislaciones

“Al considerar que Venezuela es parte de todo el andamiaje internacional basado en las orientaciones del desarrollo sostenible estamos obligados a entender que lo que hagamos hoy tiene que tener como meta no deteriorar las posibilidades de las generaciones futuras”, añadió.

Tras mencionar el caso del Arco Minero, en Bolívar, y su impacto ambiental, se refirió a la “desregularización” de los parques nacionales, y citó el caso de Morrocoy y de Los Roques que no fueron concebidos para el turismo masivo, pese a que la ley  establece posibilidades de recrearse al aire libre siempre en armonía con la naturaleza.

Se refirió también a indicadores de la crisis en las ciudades como son la “arborofagia” o tala indiscriminada de árboles y de la falta de oportunidades para el reciclaje, un aspecto esencial de la economía circular en las organizaciones de la sociedad civil.

“Venezuela ha venido ratificando el Acuerdo de París y las actualizaciones que se han hecho de los compromisos de Venezuela”, dijo.  Sin embargo, el venteo de gas, el problema del metano y de las “aguas grises” -uso de agua potable en labores consideradas no prioritarias mientras escasea el suministro- siguen siendo elementos que esperan por una respuesta del Estado.

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